Contra todo pronóstico, Álvaro Colom, del partido UNE, ganó la presidencia para dirigir Guatemala por un período de 4 años. De los 22 departamentos que tiene la república, 20 votaron por Colom quien competía con un militar sindicado de estar involucrado en actos de represión y genocidio, durante el período del conflicto interno durante los años 80 y de ser parte de la cultura del terror, todavía presente en el pueblo guatemalteco.
El resultado es significativo por tanto es la primera vez en la historia de Guatemala, que el voto rural determina el triunfo presidencial. Analistas políticos opinan que este resultado demostró también la voluntad del pueblo guatemalteco de optar por un gobernante que lejos de ofrecer mano dura, como hizo su adversario, prometió ampliar la participación y actuar con inteligencia y no con métodos de la cultura del terror.
En opinión de Carlos Figueroa Ibarra, sicólogo e investigador guatemalteco, “…no será Colom, ni tampoco lo pretende, un presidente de un perfil como el de Evo Morales, Rafael Correa o Hugo Chávez. Pero -tampoco será- como Lula da Silva, Tabaré Vázquez o Michelle Bachelet…, Colom llega muy condicionado por los poderes fácticos en Guatemala, no advierto una militancia socialdemócrata extendida y consolidada en el partido ni advierto firmeza ideológica y de carácter en su líder.
Sin embargo, lo importante de este hecho es la capacidad de expresión y movilización que demostró el pueblo guatemalteco en su voto razonado. Tarea de las organizaciones sociales será continuar con su trabajo de fortalecimiento organizativo y de apoyo a la consolidación de la democracia. |